Magdalena Day

Tres formas de disfrutar la primavera mendocina


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Silencio, aire libre, salidas en las que el placer no es más que un espacio de intimidad, de reflexión, de disfrute sano, son las que promuevo desde aquí con el convencimiento de que están en peligro de extinción. Hay cada vez más snobismo alrededor de “conocé Mendoza”, que implica casi exclusivamente lugares y formasde descubrimiento en cinco pasos a un precio alto.

Conocer o disfrutar Mendoza también deberían ser desde lo simple, lo espontáneo, lo que conocemos. ¿Qué les recomiendo para encontrar la primavera en Mendoza? Bicicleta, un libro en la mochila, y tiempo, todo el tiempo necesario para aprender a disfrutar (o para volver a disfrutar) de la manera más simple y en contacto con nuestra ciudad.

1. Salir en bici por Godoy Cruz y tomar un helado por Chacras.

La ciclovía de Godoy Cruz es uno de mis lugares favoritos en todo Mendoza, de noche, y con calor, se mete en el medio de manzanas con edificios-galpones abandonados, que han sido restaurados pero guardan el secreto de un pasado mendocino que no conocemos. Hace unos años vivía por el Bombal, y cuando tomaba ese camino para hacer gimnasia, imaginaba historias en cada uno de esos galpones, y en cada una de las casas que daban a las vías del tren que fueron parquizadas para que los peatones y ciclistas pasaran. La ciclovía llega hasta La Puntilla casi, cruzando el puente se puede seguir por la Panamericana.

Siguiendo bastante el recorrido se puede tomar como punto final al local de Helados de Chacras, que se encuentra en una esquina muy sobria bajando los caracoles, y que elegí en forma bastante discrecional porque como bien lo dice su isologo, es un clásico! Y me parece el lugar ideal para tomar un helado al sol. Pueden reemplazar el helado por un jugo de naranja en Alonso, una confitería bastante escondida por ahí cerca, con muy buena pastelería.

Ésta es quizás la mejor ciclovía de la Provincia, y además de extenderse bastante, prácticamente evita en todo su recorrido el tráfico de autos, cosa que no pasa en las del centro por ejemplo, que casi se usan como Peatonal.

2. Siestas al sol, en el tranquilo campus de la Universidad Nacional de Cuyo.

La UNCuyo está muy cerca del Parque San Martín, y es casi una prolongación de sus espacios verdes amplios pensados para hacer deporte, aunque en este caso, conectan a los edificios de cada facultad, por lo que desde hace unas semanas con el descenso del frío, se ve a los estudiantes acampar con mate, carpetas para estudiar o simplemente haciendo una siesta de recreo.

Además del pasto tentador de esos pasillos-conectores entre las Facultades, algunas como la de Filosofía albergan buenas bibliotecas para leer, como les mencioné en un post del año pasado. Insisto con este tema porque no hay café u otro lugar accesible al centro de Mendoza en donde se pueda pasar tiempo, en silencio, para estudiar o trabajar.

Sueño con Mendoza llena de bibliotecas, salas de lectura, o lugares dedicados a crear un ambiente de reflexión, imaginación y concentración. ¿Sueño nerd? Tal vez sí, pero quizás también realidad de muchos cuya vida profesional o de entretenimiento ocurre entre cafés y bares, en vez de oficinas. Los comerciantes y dueños de cafés todavía no entienden al silencio como categoría decisiva a la hora de elegir un lugar, y no sólo para freelancers, muchos viajeros internacionales trabajan mientras recorren el mundo.

3. Buscar las casas de Andía o la casa de Cortázar recorriendo la Quinta Sección

Desde el año pasado estoy buscando “La Casa de Cortázar en Mendoza”, guiada primero por un rumor según el cual la casa de Cortázar durante sus años de Profesor en la Facultad de Filosofía y Letras sería en la calle Rodríguez al 900 (y saqué esta foto en Instagram), y luego por algo así como una obsesión (aunque ni siquiera sea fanática del autor). Hace unas semanas leí una nota de Leo Rearte en Diario Los Andes por la cual me enteré que la casa estaba dos cuadras más arriba de la que yo creía que era

Pasé por la casa en cuestión, saqué la foto, y encontré hace unos días OTRA nota de un diario mendocino que habla sobre “la casa en la que vivió Cortázar en Godoy Cruz“. ¿Cómo que Godoy Cruz? ¿No era Capital? La obsesión por encontrar la casa empezó a crecer. Si se cumplía el primer rumor, mi felicidad residía en que su supuesta casa estaba muy cerca de la mía, y de la misma forma que en Godoy Cruz me sentía cómplice de otras generaciones pasando por esos galpones abandonados, ahora sentía que ALGO con Cortázar teníamos en común los que habitábamos la zona. De repente, el sueño caído, la búsqueda reiniciada.

Encontrar esas joyitas arquitectónicas-históricas es un deleite que descubrí el año pasado mientras desarrollaba la nota sobre las Casas de Andía, arquitecto icónico para la provincia, y emblemático en el estilo moderno argentino. Como les comentaba en esa nota, la Ciudad de Mendoza, Guaymallén, y hasta Luján, tienen varias “casas de Andía”, que no es otra cosa que la forma en la que se plasmó la obra de este arquitecto. Arquitectura a escala humana.

La vida me lleva a estar casi en forma permanente por el centro, por eso de vez en cuando encuentro frentes de casas antiguas que ahora son viveros, edificios de colegios o iglesias de hace dos siglos, casas enormes que seguramente pronto se conviertan en hostel.

No debería haber nada más mendocino, a la hora de disfrutar de la Primavera, del verano, o de cualquier acontecimiento, que hacerlo en cada lugar abierto, público, que se pueda, y que invita a moverse, buscar nuestros lugares preferidos, con nuevas historias pero siempre con vista a la montaña (que no nos deja ni un segundo).

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