Magdalena Day

Notas sobre la vida doctoral #4: estudiar, aprender y trabajar


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Current status: creo que no tengo que hacer más cursos optativos. Mi plan de doctorado es semi estructurado, lo que hace que el recorrido sea “personalizado”, eso quiere decir que hay talleres obligatorios (de investigación, metodología, producción escrita, etc., con los que también ya casi termino) y optativos según cada proyecto.

Esto de ir terminando los cursos optativos me viene generando por un lado, una especie de sensación de accomplishment porque voy ya sumando los créditos necesarios, para los cuales hice cursos de todo tipo, de filosofía, historia, sociología (podría haber seguido curioseando la oferta académica local pero…), y por otro, una especie de mirada al abismo del que habla Nietzsche. ¿Ahora viene la tesis?. En realidad vengo escribiendo desde el principio, pero en esta instancia ya se trata de la tesis casi exclusivamente. Ya se termina la fase exploratoria.

El cansancio va y viene, el entusiasmo se enfrenta con el tiempo. Es demasiado cliché el ánimo de un estudiante doctoral, pero es así. Lo que más sigo disfrutando es hacer mi propio recorrido, elegir cursos porque me enrosqué con que quiero entender a tal autor para poder leer a otro (necesitaba leerlos), pasar por un proceso de producción propia, conocer gente totalmente nueva, hacer preguntas en ámbitos nuevos.

Es un proceso largo. Hay quienes visualizan un doctorado, un master o un mba como una inversión en “uno mismo”, un “capacitarse”. No me gusta mucho porque suena a una apreciación utilitaria. Pensarlo fuera del mercado laboral es ingenuo, pero me parece que de alguna forma tiene que haber poca expectativa en el resultado.

Sigo pensando que los procesos son muy importantes, el proceso de aprender. “¿Existe el desaprender?” Un término que está tan de moda, que hasta yo apoyaba cuando empecé esto para desaprender todo lo que tenía en la cabeza luego de años de mezclar mi carrera (Ciencia Política) con el mundo digital y el de los emprendimientos, principalmente. Se aprende desde otro lugar, se ven las cosas en forma diferente, a veces me parece que hasta vuelvo al mismo punto mientras busco distintas formas de llegar a algo, o quizás -miastralizándome- sea simplemente un mayor grado de conciencia. “Aprender haciendo” (Learn by doing) decía John Dewey, exponente del pragmatismo. Aprendemos haciendo, equivocándonos, no solamente sometiendo al aprendizaje a un proceso de validación, o verificación; ni siquiera se trata de “esto me sirve para” tal cosa. Para la vida debería ser, para hacer y ser lo que queremos, period. La experiencia acompaña al aprendizaje, y nos cambia.

En fin, me fascina aprender, me voy bastante a veces a la m…Es el proceso de conocerte y tomar decisiones que quizás no son las más sexy o fáciles pero te van a permitir hacer eso que querés o soñás (Ok, se me sale la expectativa del inconsciente). El proceso de intercambiar con otros, de escuchar a gente que vive, trabaja y piensa temas que no son de tu interés pero con los que tenés que dialogar (esto es, estar dispuesto a participar en una conversación en la que no podés controlar el desenlace, que te transforme como ser humano, como leí el otro día en un texto de Gadamer), es parte de esto. Es muy divertido también, tiene mucho de reencuentro con lugares y personas de hace unos años, típicas situaciones estudiantes.

El primer año cursé muchísimo. Los talleres duran horas, y horas, y en algunos parte clave del curso (y de la nota) es tu interacción en grupo. El primer taller de investigación me quemaba, era escuchar temas de todo tipo, tener que opinar sobre su estrategia metodológica, bibliografía, etc. de algo sobre lo que te daban para leer 2 hojas. Me ponía mal, pensaba cómo voy a decir qué podría poner si no es mi tema, no sé de esto, no tengo tiempo para ver sus categorías porque estoy definiendo las mías..etc. El segundo fui selectiva, cursé mucho menos y me concentré en los trabajos finales. Este año le puse más atención al trabajo de otros, leyendo y analizando con mis herramientas y dando feedback desde mi posición/punto de vista, con lo que me daban. Es mucha recarga neuronal. En cuanto a las notas: me fue de diez en los cursos en los que me dediqué mucho tiempo a pensar cómo iba a encarar el trabajo, más que a escribirlo (me dediqué, no ‘me tardé’, como me pasó en otros)

En términos de actitudes o habilidades profesionales que cambiaron desde que hago el doctorado puedo decir que:

– Mejoré bastante la memoria. Antes me decían un teléfono, o tenía que acordarme una dirección y ni a palos lo retenía. Supongo que el cerebro es efectivamente un músculo que podemos abrir más, o trabajar, activar, o reavivar. Puede ser la necesidad de concentración de optimizar el tiempo de atención.

– Escribo mejor. Aunque al principio era re solemne mi forma de escribir, me voy acomodando.

– Confío más en la preparación que en la improvisación. Ahora, si no preparé una exposición ante compañeros durante más de un día me doy cuenta que el resultado podría haber sido totalmente diferente. Investigar es un oficio. Presentar ideas, requiere también técnica, método..retórica.

– Descanso. No cansarme es fundamental, y eso requiere organización y límites. A veces se puede y a veces no, pero cuando se puede, hay que hacer el recorte. Antes respondía mails a cualquier hora, trabajaba fines de semanas. Si estudiás y trabajás los fines de semanas casi siempre estás con un deadline. Pero si la regla no tiene que ser esa, hay que evitar a toda costa el burnout. Laboral y académico. No tiene nada de cool no darle al cuerpo ni a la mente el descanso que necesitan para funcionar.

Foto by me en el San Francisco Art Institute (2011).

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Un comentario en “Notas sobre la vida doctoral #4: estudiar, aprender y trabajar”

  1. Hernán dice:

    Me quedé pensando cuando decís que hay una visión utilitaria sobre la formación, y tengo una experiencia doblemente triste al respecto. En primer lugar, la dificultad de contar que querés estudiar tal o cual cosa. Hay una necesidad inconsciente personal (pero entiendo que también generada por los interlocutores) de explicar la utilidad de lo que querés estudiar: ¿cómo encaja en tu plan de vida? ¿qué rédito te va a generar? ¿cómo va a ayudar en tu carrera laboral? Preguntas que me parecen algo erradas cuando lo que más importa es que haya un tema que te mueva lo suficiente como para tener ganas de invertir ese tiempo. Por eso también ahí comparto la cuestión del “proceso”… creo que a la larga, todo se convierte en un input de tu vida futura y ese recorrido único es el que nos define en gran medida y nos convierte en personas más interesantes (inclusive también pensando en esos debates, diálogos, que mencionás, que hace el cruce más rico). Siento que el aprendizaje es una gran ensaladera, no tan lineal, en la que hay que meter cosas y de esa mezcla irá saliendo tu lado interesante, único.
    La segunda cara triste es que recientemente me inscribí en una maestría… pero no me aceptaron. La realidad es que, si bien tienen sus razones, los criterios para aceptar a un alumno también son bastante utilitarios. Me rechazaron de cuajo, sin una entrevista para conocerme. Los motivos genéricos desglosados son que: no trabajo ni trabajé en el área, no tengo una trayectoria académica, no tengo publicaciones. Es decir que como candidato no era tan útil para el tipo de resultado que se quiere generar. Y eso me parece que también termina empobreciendo todo, tanto el ámbito de esa maestría, como a la sociedad en general (suena medio exagerado, pero si todo fuera tan cerrado, seríamos más lineales y en consecuencia, creo que mucho menos creativos y más aburridos).