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El legado invisible de la Feria de América de 1954


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Torre alegórica de la Feria de América en Mendoza (1954). Foto

©Archivo y Colección Fundación del Interior/Libro Feria de América

Algunas obras –sin intención de sus autores o del fin para el que fueron encargadas- se erigen como íconos de una Ciudad. Sobre esto conversaba con una amiga arquitecta, y ella ejemplificaba con la historia de la Torre Eiffel: en principio un elemento de la Exposición Universal de París de 1889 que se construyó en dos días para rememorar la Toma de la Bastilla, que se erigió en monumento y emblema de Francia, a tal punto que no hay persona que no piense en ella cuando piensa en Europa.

Claro que ese tipo de construcciones representa también el contexto histórico, económico y cultural de un determinado grupo humano. ¿Qué hubiese pasado si en el año 1955 no llegaba la ‘Revolución Libertadora’ y la Feria de América seguía desplegada en el Parque San Martín? Quizá la Torre Alegórica (arriba) sería un ícono de Mendoza.

El libro Feria de América: Vanguardia Invisible se presentó en 2012 la Feria del Libro local. El proyecto, una recopilación de testimonios, fotos de objetos y textos de investigadores y arquitectos reconocidos, es una impresionante obra de la Fundación del Interior  dirigida por Wustavo Quiroga (Actualizado 13/5 ).

Realizada en 1954, la Feria de América fue una exposición continental que formó parte de la política internacional de Perón, quien miraba a Brasil como aliado estratégico y necesitaba mostrar el potencial industrial de la Argentina: “En la estructura peronista aparecían nuevos emprendimientos vinculados a las artes plásticas y una nueva actitud frente al protocolo diplomático. Comenzó a ser evidente la necesidad de diseñar, mostrar y montar en un panorama internacional conjuntos representativos de la historia de la pintura argentina y las tendencias contemporáneas”, dice el libro.

El evento fue también la expresión de un estado de ánimo generalizado del pueblo argentino: sensación de progreso.

Cuando se anunció la intención de hacer “exhibición industrial en Mendoza”, en la provincia se pensó al Parque como explanada ideal en la cual montar formas geométricas y modernas. El espacio ya era el centro de la vida cultural de Mendoza, no sólo por el Anfiteatro sino también por las viviendas sociales que se construyeron a su alrededor, pensando en una cultura popular.

Los planos de la Feria muestran que se construyeron 95 pabellones y casi 20 dependencias, incluyendo la Torre Alegórica, un Teatro y Bares. Los países americanos que tenían representación (y pabellones) fueron Uruguay, Brasil, Chile, Paraguay. También hubo un pabellón grande con países latinoamericanos representados; empresas chilenas y mendocinas; pabellones para las provincias de Mendoza, San Luis, San Juan, Corrientes, Córdoba y Buenos Aires; espacios para la Cámara del Libro e Industrias Gráficas y la Cámara del Comercio Musical, entre otras.

Me resultó fascinante que la dirección de la Oficina de Arquitectura y Planeamiento, que tenía a su cargo la imagen general de la Feria y de sus pabellones, estuvo a cargo de los arquitectos César Jannello y Gerardo Clusellas: el primero fue el creador de la Silla W (1947, abajo); el segundo, de la Silla Pampanini (1953). El último pertenecía, además, a la Organización Arquitectura Moderna (OAM): “Una asociación de arquitectos vanguardistas que propone una renovación de las prácticas proyectuales y arquitectónicas, en las que éstas se integran con otras artes, como la pintura, la danza y la música”.

Silla W, diseñada por César Jannello durante la Feria de América (1954). Foto

©Archivo y Colección Fundación del Interior/Libro Feria de América

Dos de las personas más creativas de la Argentina, muy conectadas con las tendencias alemanas de la época, estaban en nuestra ciudad armando algo maravilloso; y eran además representantes de una vanguardia regional, y de un escenario íntimamente vinculado con la Escuela de Arquitectura de Valparaíso. Leer esta relación Mendoza-Valparaíso no me sorprendió: Valparaíso representa la bohemia chilena, y es a donde van los músicos y artistas mendocinos cuando no encuentran escena local en donde desarrollarse.

Feria de América recorre el contexto en el que se pensó y armó el evento, las tendencias de diseño y arquitectura que se plasmaron en objetos como la Torre Alegórica –que incluía estructura de hierro, luces y música- y en la disposición de los pabellones por el parque.

El título del libro agrega ‘Vanguardia invisible’ porque el proyecto tenía todo lo que una dictadura militar podía querer eliminar: cultura local, regional, arte, expresión, y un toque peronista. Ahora no vemos nada, ni su influencia. Pero se hizo, y nos quedó el Ministerio de Obras Públicas (que a nivel local se conoce como Pabellón de Cuba).

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8 comentarios en “El legado invisible de la Feria de América de 1954”

  1. Hernán dice:

    Muy interesante. Uno a veces olvida que pudo haber exponentes locales de cosas que solemos mirar con admiración afuera y que por motivos históricos quedaron ahí, esperando ser redescubiertos.

    Me encantó esta nueva iniciativa (MZI), distinta, con el ojo en donde pocos ven y con un nivel de elaboración que es digno de felicitar!

  2. Maria dice:

    Estaba buscando informaci

  3. ESTER INES dice:

    estuve alli mi padre nos llevo siempe lo recuerdo tanta gente

  4. ESTER INES dice:

    yo tenia 5 añitos mi padre nos llevo hacia calor mucha gente fue bello